Así funcionan los ciclos de recompensas en las experiencias digitales
La mayoría de experiencias digitales están pensadas para hacernos repetir, nos meten en ciclos de recompensa que nos atrapan allí. Aprende cómo funcionan.
¿Alguna vez te pasó que abriste una app para chequear algo en unos segundos, y antes de darte cuenta llevabas veinte minutos o media hora? No estás solo/a, ni es casualidad. Detrás de mucha de nuestra cotidianidad online (como las redes sociales, o los juegos online) hay estructuras diseñadas para captar y mantener nuestra atención. Y en el centro de todas ellas están los llamados “ciclos de recompensas”.
Pero, ¿qué son exactamente estos ciclos de recompensa? ¿Y por qué funcionan tan y tan bien?
Qué es un ciclo de recompensa
Podríamos describir un ciclo de recompensa como un patrón de comportamiento que combina tres elementos: por un lado una acción disparadora, por otro una recompensa que sigue a dicha acción, y por otro la motivación para volver a repetir esa acción (por ejemplo, ¡volver a ver un Mundial y divertirse con la selección, e incluso esperar que mejore resultados!). Y este último concepto puede tener más peso del que creíamos.
Tal como explican diversas instituciones, como la American Psychological Association y el National Institute of Drug Abuse, las últimas investigaciones indican que la dopamina, uno de los neurotransmisores más asociados al disfrute y el placer, no está tan relacionada con el placer en sí mismo, sino con la expectativa de recompensa, es decir, la anticipación, el saber que realizar determinada conducta nos hará sentir bien.
No es que este mecanismo sea nuevo, claro: lleva funcionando toda nuestra existencia, y es el que explica por qué nos gusta ganar en un juego, o recibir reconocimiento social. Es un mecanismo que tiene claras ventajas evolutivas. Lo nuevo es cómo las plataformas digitales lo han refinado hasta extremos sorprendentes.
El papel de la recompensa variable
Dentro de estos ciclos de recompensa, uno de los mecanismos que desata una respuesta más poderosa es la recompensa variable. La misma acción no siempre genera el mismo resultado, a veces puede ser mejor, a veces peor, y es esa incertidumbre la que nos engancha a las cosas. ¿No pasa eso con los campeonatos de fútbol, acaso?
Esto lo estudió a fondo el importante (y a menudo mal entendido) psicólogo B. F. Skinner en sus experimentos sobre el refuerzo intermitente: genera un comportamiento más persistente en la búsqueda de la recompensa constante.
Esto sigue estudiándose actualmente (un ejemplo es este trabajo sobre reforzamiento de la conducta dirigido por investigadores de la universidad de Guadalajara) se aplica hoy en un montón de entornos digitales:
- Las notificaciones en las redes sociales: ¿habrá nuevos likes? ¿Alguien nos habrá contestado? El post que acabo de hacer, ¿tendrá tanto éxito como el anterior?
- Las loot boxes o cajas de recompensa en videojuegos: ¿me tocará esa skin que tanto quiero? ¿Qué habrá dentro? ¿Me tocarán fails o cosas interesantes?
- Los sistemas de puntos o logros en apps y juegos: ¿tendré algún descuento en la tienda? ¿Seré el único en tener ese logro difícil?
Es el mismo mecanismo que tienen muchos juegos de azar: el que juega al bingo o a la ruleta, no sabe si en la siguiente tirada o ronda puede ganar algo, ganar mucho, o no ganar nada, y esa incertidumbre es la que las hace tan divertidas.
Aunque también existen otros factores muy relevantes presentes.
Rachas, logros y micro-recompensas
Las plataformas digitales han aprovechado toda la investigación acumulada en psicología para afinar el efecto de sus productos, y han utilizado otros mecanismos que refuerzan el deseo de repetir conducta.
Las micro-recompensas son uno de ellos: pequeñas gratificaciones constantes que mantienen al usuario implicado, que te recuerdan que puedes ganar, que aguantes un poquito más, que quizá la siguiente sí que será la grande. Este mecanismo es la esencia de las tragaperras, por ejemplo.
Otra manera de motivar es un uso inteligente de las rachas: que la recompensa sea acumulativa si mantienes la racha de uso. Esto lo utilizan mucho las apps de aprendizaje (mantener una racha diaria), o juegos en los que hay recompensa diaria que mejora día a día y si no entras, se reinicia.
Por último, está el efecto de progreso, documentado en diversos estudios: las personas se sienten más motivadas cuando sienten que avanzan, aunque sea poquito a poco. Esto se utiliza mucho en videojuegos grandes, mundos abiertos tipo The Witcher III: las misiones principales más largas están subdivididas en pequeños objetivos por los que has de ir progresando, y a la vez estas misiones se intercalan con otras secundarias más breves. Así, el jugador no se agobia ni necesita varios días para progresar en el juego, puede ir haciendo poco a poco sintiendo que avanza.
Las notificaciones: el disparador más directo
En estos ciclos de recompensa digitales, las notificaciones son posiblemente el disparador más directo, penetrante y efectivo para sacarnos de lo que sea que estemos haciendo y arrastrarnos hacia la app que sea. El proceso es así:
- Recibes una alerta de que algo ocurre en la app (una notificación de la app del banco, de tu casino online, de tu app de idiomas, de tu videojuego).
- Abres la app.
- Encuentras la posible recompensa: o te satisface, o no.
- En ambos casos, deseas que vuelva a haber otra notificación, para que la siguiente vez vuelva a ser igual de buena, o mejor.
- Repites el ciclo.
Este es el motivo por el que todos los usuarios móviles revisamos el dispositivo varias veces por hora. Funciona super bien porque combina varios de los factores psicológicos que hemos explicado:
- La anticipación, esperamos saber algo positivo que nos darás placer.
- La incertidumbre, no sabemos cuándo llegará exactamente.
- La frecuencia, recibimos recompensas constantes aunque sean pequeñitas.
- El progreso, la sensación de que avanzamos, de que conseguimos cosas.
Cuando todo esto se junta, el resultado es un ciclo difícil de ignorar. Por eso lo utiliza todo el mundo: apps de fitness, programas educativos, de productividad, videojuegos o juegos de azar, redes sociales, empresas de todo tipo…
No es algo a lo que podamos abstraernos, o no fácilmente. Pero ser conscientes de estos mecanismos es un primer paso para recuperar el control sobre nuestra propia atención, y sobre aquello que deseamos. Dejar de ser un usuario pasivo, y pasar a interactuar con la tecnología de forma consciente.
Y tú, ¿eres consciente de que cómo las apps se disputan tu atención?
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