
De la camiseta al ecosistema digital, del estadio al celular.
Sponsors históricos de la selección mexicana desde 2000 en adelante es una búsqueda que remite a un punto clave: el momento en que el futbol dejó de ser solo deporte para convertirse en una plataforma comercial global. A partir de ese año, la camiseta comenzó a llenarse de marcas que no solo buscaban visibilidad, sino asociación emocional con la afición. El problema para muchas empresas era claro; destacar en un entorno saturado. La selección ofrecía alcance, identidad y narrativa. Y ahí empezó todo.
Hablar de patrocinadores históricos implica mencionar primero a Adidas. Desde finales del siglo pasado, la marca alemana se consolidó como proveedor oficial de uniformes, atravesando procesos de cambio generacional, mundiales y ciclos deportivos irregulares. La clave estuvo en la constancia. No se trató solo de vender camisetas, sino de construir un relato visual reconocible, algo que el aficionado identifica incluso a la distancia.
Adidas entendió que el uniforme no es moda pasajera, sino memoria colectiva. Colores, tipografías y detalles se repiten con variaciones mínimas, reforzando identidad. Esa estrategia ayudó a que el patrocinio se percibiera como parte natural del equipo, no como un anuncio impuesto.
Otro de los nombres inevitables es Coca-Cola. Su presencia como patrocinador se sostuvo durante años gracias a campañas que iban mucho más allá del estadio. Comerciales, promociones y acciones en puntos de venta convirtieron cada torneo en una excusa para hablarle directamente al aficionado común. Yo también creía eso, hasta que vi cómo una campaña bien ejecutada podía sentirse casi como tradición.
El acierto de Coca-Cola fue entender los tiempos del aficionado: previas largas, reuniones familiares, rituales repetidos. No vendía solo un producto, vendía el momento. Y eso, a largo plazo, es una forma muy eficaz de patrocinio.
Con la expansión de internet móvil y las redes sociales, Telcel pasó a ocupar un rol central. Su patrocinio coincidió con la digitalización del seguimiento deportivo: estadísticas en tiempo real, contenidos exclusivos y activaciones móviles. La selección se convirtió en un canal más, directo, constante, disponible todo el día.
El patrocinio dejó de ser solo visual para volverse funcional. Apps, alertas y transmisiones reforzaron la idea de cercanía. El aficionado ya no dependía del partido; vivía la selección todo el tiempo.
Samsung se sumó como patrocinador en una etapa donde la tecnología empezó a ser parte central de la experiencia deportiva. No solo se trató de presencia de marca, sino de asociar innovación con rendimiento. En campañas y activaciones aparecieron referencias constantes a dispositivos móviles, pantallas y soluciones conectadas, alineadas con una audiencia cada vez más digital.
Dentro de esa estrategia, los celulares Samsung Galaxy ocuparon un lugar visible. Se los mostraba como herramientas para seguir partidos, compartir jugadas y consumir contenido exclusivo. No era publicidad directa; era integración natural en la rutina del aficionado, algo sutil, pero efectivo.
A lo largo de estos años también hubo marcas que acompañaron en ciclos específicos, algunas por menos tiempo pero con impacto puntual. Bancos, aerolíneas, aseguradoras y marcas de consumo masivo encontraron en la selección un vehículo potente para posicionarse rápido. Algunas quedaron en la memoria, otras pasaron sin dejar huella… así funciona este juego.
No todos los acuerdos funcionaron igual. En algunos casos, la marca no logró integrarse al relato deportivo y quedó como un elemento ajeno. Eso demuestra que el alcance no lo es todo; la coherencia con el público es clave.
Mirar los sponsors históricos desde 2000 en adelante permite entender cómo evolucionó el futbol como negocio. De la camiseta al ecosistema digital, del estadio al celular. El problema inicial era la visibilidad; hoy es la relevancia. Y la solución, como siempre, está en entender al aficionado, no solo al mercado.