Los Pumas de los 90, cuando no hacían falta títulos para ser Grandes
¿Por qué los Pumas de los 90 eran mejores que los actuales? Analizamos la mística de la cantera, los boletos y la pérdida de identidad.
La mística de los Pumas de los 90 representa, para el aficionado de cepa, la verdadera esencia de la UNAM. Aunque esa década estuvo marcada por una sequía de campeonatos tras la gloria de 1991, la grandeza del club nunca se midió únicamente por los trofeos en la vitrina, sino por el espíritu que emanaba de su cantera.
Esa identidad hoy parece haberse perdido entre uniformes saturados de publicidad, boletos impagables y una mística que se desvanece ante las exigencias de la televisión.
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Cantera sobre cartera: La fábrica de ilusiones
En aquella época, el Estadio Olímpico Universitario era una verdadera aduana de talento. No hacía falta buscar en el mercado extranjero lo que se producía con excelencia en casa.
De esa estructura que sostenía a los Pumas de los 90, brotaron grandes referentes del club: Joaquín Beltrán, David Oteo, Braulio Luna, Israel López, Gerardo Torrado, Rafael García, Carlos Cariño y Antonio Sancho, entre muchos otros.
Incluso, en esa etapa el club presumió a su último campeón de goleo mexicano y surgido de sus fuerzas básicas: Jesús Olalde.
Eran tiempos donde la identidad no se negociaba; se jugaba por el orgullo de representar a la Máxima Casa de Estudios. Se mantenía una estructura donde el futbolista nacional era el protagonista absoluto.
Los foráneos de antes: Calidad sobre cantidad
A diferencia de la actualidad, donde el plantel luce saturado de plazas de extranjeros que muchas veces pasan sin pena ni gloria, en los años noventa se fichaba con bisturí.
El reglamento permitía pocos extranjeros en cancha y el club lo aprovechaba para traer figuras que realmente marcaran diferencia y contagiaran garra.
Nombres como Cristian ‘Pájaro’ Domizzi y el chileno Richard Zambrano no venían a tapar el proceso de un joven, sino a potenciarlo.
Eran líderes que entendían la mística universitaria y se partían el alma junto a los novatos. Hoy, esa jerarquía se ha diluido en una nómina llena de nombres foráneos que difícilmente logran conectar con la tribuna.
Incluso se han alejado de nombres de extranjeros de gran peso como los de Darío Verón, Bruno Marioni o Leandro Augusto (por mencionar algunos), aunque estos sí que ganaron campeonatos.
El futbol de la gente: De los 40 pesos al negocio actual
La nostalgia también pasa por el bolsillo y la experiencia en la grada. Para el estudiante de la UNAM y el aficionado promedio, ir a Ciudad Universitaria en los noventa era un ritual accesible.
Un boleto para ver al equipo costaba apenas 40 pesos mexicanos, permitiendo que el estadio fuera un auténtico hervidero social.
Hoy, ese mismo acceso se ve golpeado por precios que alcanzan los 500 pesos en Planta Alta Palomar y 360 en Pebetero, alejando a la base real de seguidores del equipo.
A esto se suma la pérdida del horario de las 12:00 del día. La tradición se sacrificó por el rating, moviendo los juegos a la noche por supuestas mejoras en el rendimiento, aunque todo apunta a las peticiones de TUDN.
El club de finales de siglo mantenía la mística intacta a pesar de los resultados. El equipo de hoy parece haber olvidado que su verdadera fuerza no está en los contratos, sino en su espíritu rebelde.
La piel también cambió
La estética también ha sufrido. Los nostálgicos recuerdan con cariño aquellas camisetas de Nike con el puma gigante, limpias y sin más patrocinadores que la identidad del club. Actualmente, el jersey es un escaparate publicitario que cuesta cerca de 2,000 pesos, perdiendo esa elegancia que hacía única a la vestimenta universitaria.

La mística no se compra en la tienda
Al final, el aficionado que hoy peina canas y que gritó los goles de Olalde sabe que la crisis actual no es solo de resultados, sino de alma.
Se extraña aquel equipo que, aunque no levantaba copas cada año, te hacía sentir orgulloso de pertenecer a una institución diferente, rebelde y auténtica.
Hoy queda la pregunta en el aire para todo aquel que vivió las tardes de sol en el México 68:
¿Preferirías seguir esperando un título que no llega bajo este modelo de negocio, o cambiarías todo por volver a ver a unos Pumas con ocho canteranos rompiéndose el alma en la cancha a las 12 del día?

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