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Emblemas Mundialistas: Francia 1938

Por: Staff FT

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La Copa del Mundo de Francia en el año 1938 sería el último resquicio de paz entre las grandes potencias antes de la inevitable Segunda Guerra Mundial. Fue, nuevamente, un torneo que dividió opiniones y que tuvo un importante tinte político.

El país local e Italia, campeona del mundo en ese momento, se clasificaron directamente sin tener que jugar la fase previa, un privilegio que a día de hoy se mantiene. Aunque el Mundial ya empezó a ser bastante popular, muchos países decidieron no formar parte de esta edición. España, por ejemplo, estaba lastimada y completamente afectada por una dura Guerra Civil. Japón y China también se apartaron de la celebración debido a una guerra que involucraba a ambos países, la Guerra Sino-japonesa. 

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Es ahí cuando Jules Rimet, ante la perspectiva de que ésta fuera la última Copa del Mundo debido al estallido de la Guerra Mundial, se quiso hacer cargo personalmente de la organización y de manera detallada. Así, decidió que el campeonato se juegue en su país: Francia. Esto no le cayó para nada bien a los países latinoamericanos, ya que se rompía la regla de la alternancia de sedes establecida por Rimet desde la primera Copa del Mundo. Argentina, Uruguay (que ya venía de declinar su participación en la edición anterior en Italia), Colombia y Costa Rica le dieron la espalda a Rimet. Brasil y Cuba, los únicos países del continente americano en formar parte del torneo, llegaron a Francia por invitación.

Fue el primer Mundial que puso a la venta el balón oficial. La marca francesa Allen vendió las pelotas como pan caliente.

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Brasil demostró que desde los inicios que era una potencia del deporte gracias a Leonidas, su gran estandarte y goleador. El “Diamante Negro” fue fundamental en el partido contra Polonia en los octavos de final, para muchos, uno de los mejores encuentros de la historia de la copa. El delantero jugó descalzo casi todo el torneo y fue el líder del plantel. La selección “canarinha”, finalmente, obtendría el tercer puesto.

Un nuevo diseño art-deco

Nuevamente se presentó un impresionante poster para este acontecimiento, y en Francia ya sabían de la notoriedad que se conseguía al diseñar el arte de esta celebración del fútbol. Este póster fue creado por Henri Desmé, un diseñador e ilustrador poco conocido de los años 20 y 30 que ganó la elección entre muchísimos postulantes. Utilizó una técnica de stencil en un estilo art-deco similar a los carteles de propaganda y publicidad de la época, estableciéndose en una composición similar a su propio logotipo, que se puede ver en la esquina superior izquierda. El cartel original era enorme: 1575 x 1190 mm.

Desmé se inspiró en el poderío del deporte para su pieza. Gracias a este trabajo, varias producciones de cine de la época contactaron al diseñador para crear algunos posters de los estrenos más esperados.

Pero finalmente, la política haría de las suyas nuevamente en este torneo. Ante 61.000 espectadores, la mayoría franceses y refugiados políticos, Italia saltó al césped del estadio de Colombes para enfrentar al local por cuartos de final. Benito Mussolini quería volver a ganar la copa.

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Cuatro años antes, el equipo era aplaudido y bien recibido. Esta vez y en Francia, sólo se escuchó un tremendo abucheo cuando los italianos realizaron el saludo fascista desde el centro del campo. “Jamás un jugador debió sentirse tan nervioso como yo en ese día. Nos silbaron todo el partido”, aseguró en su momento el defensa italiano Alfredo Foni. A pesar de la presión, Italia demostró por qué era el mejor equipo del mundo en la década del treinta. Le ganaron a los locales por 3-1 y en la final golearon a la revelación, Hungría, por 4-2. Mussolini, más allá de su ideología, se sentía orgulloso de SU equipo. Suyo, porque él personalmente seleccionó y nacionalizó jugadores, los mismos que terminaron ganando dos mundiales (1934 y 1938), y un oro olímpico en Berlín (1936).

El de Francia fue un Mundial que terminó por demostrar que a pesar de los innumerables conflictos, el fútbol era abrazado por el mundo. Fue además, el primer Mundial donde vimos los estadios más modernos y mejor preparados. Jules Rimet puso hasta de sus propios ahorros para llevar a los estadios a un nuevo nivel, y finalmente volver al balonpié un espectaculo.

Unos meses más tarde, las balas silenciaron al fútbol y Europa quedó destruida. Hitler soñaba con una Copa del Mundo en su Alemania nazi, pero eso no sucedió. La Segunda Guerra Mundial significó un parón de 12 años, y el torneo regresaría con fuerza en 1950… y en nuestro continente.

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