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Emblemas Mundialistas: Italia 1934

Por: Staff FT

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Ese 10 de junio de 1934, la sensación térmica en Roma alcanzaba los 40 grados centígrados. A pesar del tremendo calor y del cansancio extremo de los jugadores, se disputó la final entre Italia y Checoslovaquia en el ya desaparecido Stadio Nazionale del Partito Nazionale Fascista (PNF), y la selección azzurra logró el título con el gol de Schiavio en tiempo extra, y después de un difícil juego para ambos equipos debido a la temperatura.

El primer gran emblema de este mundial fue el hecho de que por primera vez se realizó una fase previa clasificatoria. 32 países se inscribieron en el duelo por los 16 lugares disponibles, y dos acontecimientos fueron bastante llamativos: Uruguay, el campeón reinante, se rehusó a participar de esta copa como protesta por el rechazo de algunos países europeos a la invitación del país sudamericano al primer torneo. Por otro lado, Italia participó en la clasificación a pesar de ser el país anfitrión y sería la única vez que veríamos al local disputar la clasificación a su propio mundial.

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Finalmente estos 12 países fueron los clasificados que disputaron el torneo en formato de eliminación directa: Italia, Checoslovaquia, Alemania, Austria, España, Hungría, Suiza, Suecia, Francia, Holanda, Bélgica, Rumania, Argentina, Brasil, Egipto y Estados Unidos.

Un boleto de uno de los partidos del clasificatorio europeo: Italia vs. Grecia en el San Siro.

Propaganda fascista

Eran tiempos difíciles para la política mundial y fue inevitable que el deporte termine manchado por las ideologías políticas del país sede. Benito Mussolini, líder del Partido Fascista y Primer Ministro de Italia, usó este torneo para promover y exaltar la imagen del nacionalismo tano a nivel mundial, y la presión del cuadro local por ganar este torneo era tremenda. Dicen que la actitud de Mussolini en esta copa inspiró a Hitler a impulsar la propaganda nazi en los Juegos Olímpicos de Berlín que se llevaron a cabo dos años después, en 1936.

El Duce, como se lo conocía al líder italiano, se encargó de tener un equipazo para esta copa nacionalizando jugadores argentinos como Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Attilio Demaría; además del brasileño Anfhiloquio Marqués Filo, italianizado como Anfilogino Guarisi. Monti, el argentino que jugó primero para su país de nacimiento en 1930 y que después defendería la camiseta azzurra, tiene una frase impactante sobre esta etapa de su vida: “En 1930, en Uruguay, me querían matar si ganaba, y en Italia, cuatro años más tarde, si perdía”.

VER MÁS: México en los Mundiales: Uruguay 1930

El poster lo diseñó Achille Starace, mano derecha de Mussolini y creador de toda la propaganda alrededor de su régimen. Starace fue al Duce lo que Joseph Goebbels fue al Führer en Alemania, por lo que se encargó de promover la ideología en cada texto, anuncio y póster sobre esta Copa del Mundo. Se imprimieron más de 300.000 banners donde se veía a un Hércules con el pie en el balón y realizando un gesto que se vería bastante en este torneo: Estirando los brazos y realizando el saludo fascista.

Pero para evitar que el evento no termine creando más conflictos se creó una segunda versión del poster, que finalmente es la que se usó para promocionar la copa a nivel mundial. De todos modos, cuatro días después de este torneo, Benito Mussolini y Adolf Hitler se reunieron por primera vez para unir fuerzas y crear el eje estratégico de la Segunda Guerra Mundial.

Italia, aunque muchos digan que fue campeona gracias a la presión de Mussolini, presentó un equipo de grandes jugadores encabezados por Giuseppe Meazza, que junto con Angelo Schiavio recibieron el status de héroes nacionales y celebridades de la época.

Una réplica del balón utilizado en Italia 1934.

A pesar de todo, el Mundial del 34 fue un exitazo

Más allá del contexto político y a diferencia de la primera edición en Uruguay, el hecho de que este torneo se haya realizado en Europa le dio otro status. El enojo de los sudamericanos no pesó para nada y el que los juegos se disputen en ocho ciudades (Bolonia, Florencia, Génova, Milán, Nápoles, Roma, Trieste y Turín) y con estadios repletos, demostró ambición y una tremenda organización. Sí, en dos ediciones se demostró que la Copa del Mundo no era una simple moda.

La Segunda Guerra Mundial significó para el mundial un parón de doce años, pero repasaremos esto próximamente. Lo importante es que a pesar de las ideologías, las diferencias culturales, los estratos sociales y la lucha de ambiciones, nada ni nadie podría evitar que el balón deje de rodar. 

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